15 de octubre de 2026

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Donald Trump habla desde el podio presidencial durante su discurso en Clarksville, Tennessee, el 10 de octubre de 2026.

TRUMP HABLA DEL PETRÓLEO VENEZOLANO COMO BOTÍN DURANTE SU DISCURSO EN CLARKSVILLE

Donald Trump llegó a Clarksville, Tennessee, para hablar de inversiones, economía y elecciones. Pero entre promesas de dinero para los estadounidenses y llamados a votar por los republicanos, el presidente volvió a poner a Venezuela en el centro de su discurso.

Esta vez no se limitó a recordar la operación militar que terminó con la captura de Nicolás Maduro. Trump habló del petróleo venezolano, aseguró que Estados Unidos está recibiendo miles de millones de dólares y utilizó una expresión que difícilmente pasa inadvertida: «Al vencedor le corresponde el botín».

No fue una interpretación de sus adversarios ni una frase sacada de una publicación en redes sociales. Fueron sus propias palabras durante el mitin celebrado el sábado 10 de octubre en Clarksville.

Y aunque el encuentro estaba dirigido principalmente al electorado estadounidense, sus declaraciones también tienen un destinatario inevitable: Venezuela, el país cuyos recursos petroleros ocupan un lugar central en el acuerdo económico anunciado entre Washington y Caracas.

«ESTAMOS RECIBIENDO MILES DE MILLONES EN PETRÓLEO»

Trump estaba hablando de sus promesas económicas cuando mencionó el pago de 1.776 dólares a integrantes de las Fuerzas Armadas estadounidenses.

Al explicar aquella medida, elogió la actuación militar en Venezuela y describió la intervención como una guerra de un solo día.

«Algunas personas la llaman la guerra de una hora», comentó.

Inmediatamente después cambió el énfasis hacia el petróleo.

«Estamos recibiendo miles de millones, miles de millones de dólares en petróleo. Está llegando como nadie había visto antes», afirmó.

Y entonces llegó la frase:

«Al vencedor le corresponde el botín».

Trump continuó criticando las intervenciones militares estadounidenses en Medio Oriente, argumentando que su país había participado en guerras, destruido infraestructura y posteriormente se había retirado sin obtener beneficios.

La secuencia importa. El presidente no estaba hablando únicamente de producción petrolera o de comercio internacional. Estaba relacionando el resultado de una operación militar con los beneficios económicos que, según sus declaraciones, Estados Unidos está obteniendo de Venezuela.

Pero una cosa es lo que Trump asegura que está ingresando y otra, muy distinta, cuánto dinero ha recibido efectivamente el Gobierno estadounidense. Esa diferencia no quedó aclarada durante su intervención.

«CAPTURAMOS EL PAÍS CONOCIDO COMO VENEZUELA»

El tema reapareció más adelante.

Mientras defendía las inversiones de su administración en las Fuerzas Armadas, Trump declaró: «Capturamos el país conocido como Venezuela».

Luego aseguró que la operación militar había terminado en una hora y 48 minutos.

También repitió dos veces: «Nadie murió».

La afirmación sobre las víctimas merece especial atención. El presidente no presentó durante ese fragmento un desglose de bajas ni precisó si hablaba exclusivamente de militares estadounidenses o de todas las personas involucradas.

Por eso, sus palabras deben distinguirse de cualquier balance independiente sobre las consecuencias de la operación.

En enero de 2026, fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro y a Cilia Flores en Caracas. A partir de aquel acontecimiento, la relación entre ambos países entró en una nueva etapa política y económica.

Y uno de los asuntos más importantes de esa nueva relación es precisamente el petróleo.

TRUMP TAMBIÉN MENCIONÓ AL TREN DE ARAGUA Y LA INMIGRACIÓN VENEZOLANA

El petróleo y la operación militar no fueron las únicas referencias a Venezuela durante el discurso de Donald Trump en Clarksville.

Al defender sus políticas migratorias y de seguridad, el presidente mencionó expresamente al Tren de Aragua, una organización criminal surgida en Venezuela.

«¿Recuerdan cuando decían que los inmigrantes indocumentados no cometen delitos? Pregúntenle al Tren de Aragua de Venezuela», expresó ante los asistentes.

Luego añadió que sus integrantes «hacen que nuestros delincuentes parezcan buenas personas», una comparación con la que buscó destacar la violencia que atribuye a la organización.

Trump también relató un supuesto incidente en Colorado en el que un hombre habría sufrido la amputación de una mano como represalia por llamar a la policía. Durante ese fragmento no presentó pruebas que permitieran verificar el episodio.

El Tren de Aragua ha sido objeto de investigaciones federales en Estados Unidos, incluidas actuaciones del Departamento de Justicia en Tennessee. Sin embargo, los delitos atribuidos a una organización criminal no representan a toda la comunidad venezolana ni permiten establecer responsabilidades individuales basándose únicamente en la nacionalidad o la condición migratoria.

En Clarksville, Trump utilizó a Venezuela como referencia en distintos momentos de su discurso: para hablar de una operación militar, de los beneficios económicos del petróleo y de sus políticas contra la inmigración irregular.

Tres asuntos diferentes que forman parte de la relación entre Washington y Caracas, pero que requieren examinarse por separado.

EL PETRÓLEO VENEZOLANO Y EL ACUERDO CON WASHINGTON

Las declaraciones de Clarksville llegan pocas semanas después de que Estados Unidos anunciara un acuerdo petrolero con las autoridades venezolanas encabezadas por Delcy Rodríguez.

El 31 de agosto, la Casa Blanca divulgó las condiciones generales de una operación que involucra a North American Blue Energy Partners, conocida como NABEP, y que contempla concesiones de hasta 100 años sobre 17 campos petroleros venezolanos.

Las reservas asociadas a esos campos fueron estimadas por Washington en aproximadamente 65.000 millones de barriles.

Pero el volumen de petróleo no es el único aspecto relevante.

Según los términos anunciados, una oficina del Departamento de Defensa estadounidense recibiría una participación del 35 % en la empresa matriz de NABEP, con derechos económicos que podrían traducirse en dividendos.

Además, el Departamento de Estado tendría derecho a comprar el 20 % de la producción a precio de costo y prioridad para adquirir el 80 % restante.

En otras palabras, el acuerdo no contempla solamente la llegada de una compañía privada a Venezuela. También concede al Gobierno estadounidense participación económica, derechos de compra y capacidad de intervención en determinadas decisiones corporativas.

Ahora bien, conviene hacer una distinción: tener derechos sobre una producción futura no significa que todo ese petróleo ya haya sido extraído, vendido o convertido en ganancias.

Tampoco significa que esos dividendos sean ingresos personales de Trump. Los derechos económicos anunciados corresponden a entidades del Gobierno estadounidense.

¿Y QUÉ GANA VENEZUELA?

Esta es la otra parte de la historia.

Delcy Rodríguez ha presentado el convenio como una oportunidad para recuperar la industria petrolera venezolana, atraer inversiones y aumentar los ingresos del Estado.

La Casa Blanca también sostiene que la operación podría impulsar la producción, generar empleos e incorporar hasta 100.000 millones de dólares en nuevas inversiones de infraestructura.

En cuanto a Venezuela, Washington proyecta aproximadamente 200.000 millones de dólares en impuestos y regalías durante los primeros 25 años.

Son cifras importantes, pero siguen siendo proyecciones. Su cumplimiento dependerá de factores como la inversión efectiva, la producción alcanzada, los precios internacionales del petróleo y la ejecución de los contratos.

Y hay otra cuestión que no puede ignorarse: la transparencia.

Reuters informó que especialistas en energía y abogados plantearon dudas sobre la estructura jurídica del acuerdo, la ausencia de una licitación competitiva y la necesidad de conocer los contratos completos.

Esas interrogantes importan porque el petróleo venezolano no es un recurso abstracto. Es uno de los principales activos económicos de un país que necesita reconstruir infraestructura, recuperar servicios y generar condiciones de bienestar para su población.

La discusión, por tanto, no debería limitarse a cuánto dinero promete producir el acuerdo, sino también a cómo se administrará, quién supervisará los ingresos y qué parte llegará realmente al Estado y a los ciudadanos venezolanos.

DE CLARKSVILLE A VENEZUELA: UNA FRASE QUE DEJA PREGUNTAS

Trump utilizó el petróleo venezolano como ejemplo de los beneficios que atribuye a su política exterior.

Ante sus seguidores en Tennessee, presentó la operación militar como un éxito y habló de miles de millones de dólares que, según él, están llegando a Estados Unidos.

La Casa Blanca, por su parte, defiende el acuerdo petrolero como una iniciativa que también favorecerá la recuperación económica venezolana.

Ambas afirmaciones merecen ser examinadas con documentos, cifras y resultados, no solamente con discursos.

Porque hay preguntas que siguen abiertas: ¿cuánto petróleo se ha entregado realmente bajo estos acuerdos?, ¿qué ingresos han recibido ambos gobiernos?, ¿qué controles existen sobre ese dinero? y ¿cuánto de lo prometido se traducirá en mejoras concretas para los venezolanos?

En Clarksville, Trump dejó clara su manera de presentar el petróleo de Venezuela ante el público estadounidense: como uno de los beneficios obtenidos después de la intervención militar.

Lo que todavía necesita respuestas verificables es cuánto de esa riqueza beneficiará al país al que pertenece el recurso.

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